CINCO DÍAS EN UN CAMPAMENTO DE LAS FARC
Cuando eran pan de cada día las noticias sobre las acciones terroristas de la guerrilla de las FARC en Colombia, siempre me imaginaba cómo
sería todo eso que pasaba en la selva, allá en lo más profundo de las montañas,
los combates, su forma de movilizarse y camuflarse, me guiaba por las crudas imágenes
que los medios de comunicación publicaban una y otra vez de los secuestrados
que tenían, y a lo lejos se podía ver la clase de campamento que armaban, y
desde ahí sólo podía imaginar cómo era el lugar donde realmente vivían los
combatientes.
Cuando decido estudiar comunicación
social y periodismo, me pensaba cubriendo algún suceso de guerra, me emocionaba
mucho imaginar que estaría cerca a una situación de combate, o metida en un
campamento, preguntándoles a todos por lo que realmente estaba sucediendo allá
adentro, y por qué estaban dándose bala con otros, pero no, el periodismo y
todo lo que pude ejercer luego de graduarme, fue alrededor del entretenimiento, muy lejos
realmente de lo que imaginé, pero al que le debo gran porcentaje de las cositas
que ahora sé.
De repente y mágicamente llega
una oportunidad laboral que me ha puesto durante el último año a viajar, a
aprender, a ejercer, y lo más importante, a darme cuenta de tristes realidades ,
porque las he podido presenciar, dándome la posibilidad incluso, de ir más allá,
investigar, preguntar, pero sobre todo de sensibilizarme hasta el punto de
tomar una postura crítica y experimentar una indignación absoluta que explotó
la burbuja en la que estaba metida, como si hubiese llegado esa punta de
alfiler que la hizo estallar.
En noviembre del año pasado nos
programaron a todo el equipo de comunicaciones de la fundación para la que
trabajo, una misión de capacitación en medios, redes sociales, manejo de
equipos y trabajo pedagógico en materia de resolución de conflictos para
combatientes del frente 34 de las FARC.
Foto: Gustavo Montoya |
Wow! Había que viajar hasta
Quibdó y luego unas 4 horas en lancha atravesando el río Atrato para llegar a la
región del Urabá Antioqueño e instalarnos en principio, durante 3 días y aprovecharlos muy bien para
ejecutar la misión, o sea, vivir en el campamento, con ellos, con las FARC, cerquita,
prácticamente, convivir, convivir por voluntad propia y compartir conocimiento.
El día uno fue de viaje e
instalación en el campamento, tienen una gran caleta para huéspedes y
visitantes, equipada con camas, sus respectivas colchonetas y toldillos; nosotros no habíamos sido los únicos en
visitar ese frente, ya muchos periodistas y organizaciones sociales interesados
en conocerlos, los habían estado frecuentando, pero nuestra visita iba más
allá, teníamos todas las ganas de conocerlos, de hablar con ellos, de
preguntarles mil cosas, pero estaba claro que íbamos a demás, a enseñarles, a
regalarles un poquitico de esa realidad de la ciudad, y de todo lo que ellos
medianamente perciben a través de sus comandantes, sobre información, noticias,
y tecnología.
Nuestro equipo llegaría a
reforzar un poco, y a ponerlos en un plano más aterrizado del aprovechamiento
de las herramientas para comunicarse mejor y para afianzar la misión que están
cumpliendo ahora sobre su cambio de imagen, mostrándole al mundo que son una
nueva organización que desde varios rincones del país trabaja por la justicia
social, la igualdad, por una paz estable y duradera sin armas, sin violencia,
sin guerra.
Nos encontramos con un grupo
de personas inquietas, con muchas, muchas dudas sobre el mundo, sobre la gente
que los espera en sociedad, sobre lo que en los medios se dice y lo que piensan
de ellos, yo la verdad no les dije mentiras, ni que sería fácil, les dije las
cosas como eran, lo duros que somos y lo que ellos representan para el país, la
crueldad, la maldad, lo peor del mundo son ellos para la gente, fuimos muy claros
en contarles eso, pero recalcándoles mucho sobre su esencia, que no la
perdieran, que trataran de ser fuertes y mantener sus ideales, que siguieran
soñando y trabajando honestamente por el bien del pueblo colombiano.
Los siguientes días, porque
pasaron de ser tres, a ser cinco, fueron
de estudio, de práctica, de compartir todo, la ducha en el río, el chonto (baño
tipo, tape con tierrita como el gato) la comida, fueron increíbles anfitriones,
y eso que eran sólo los tres golpes, pero subí como 6 kilos; tuvimos dos padrinos que se encargaban de atendernos
y de estar pendientes de lo que necesitáramos,
compartimos el café, nos totiamos de risa porque ellos podían gozar
viéndonos sufrir con los insectos y hormigas enormes que nos podían picar, pero
aparte de toda esa experiencia, muy genial por cierto, fue muy gratificante ver
como agarraban las ideas y materializaban todo lo aprendido, lo emocionados que
se mostraban con cada cosa nueva que les enseñábamos, son cerebros nuevos para
estrenar, ellos no son como la gente dice, que sólo saben matar, y es
totalmente evidente que como nosotros, la tecnología y los movimientos en la
red los atrapa, les genera interés de inmediato, porque saben el alcance que
tiene, el cual será fundamental para llevar el mensaje que quieren entregar, quieren
desmitificar cuanto antes todo lo malo que se ha dicho y que según ellos, la
tergiversación de los hechos ha sido constante durante todos estos años a
través de los medios de comunicación.
Foto: Gustavo Montoya |
Es ahí donde a uno le da
vaina, se siente raro y como engañado, respira y se sienta en una silla rimax a
la orilla del río a ver el atardecer y a pensar, y los analiza, a los
guerrilleros, tan humanos como los que estamos en la ciudad, tan sensibles y
frágiles, y con una ventaja, son más solidarios que nosotros, más respetuosos,
así tengas fusiles al hombro y sean del campo, son seres bondadosos, conocen la
palabra lealtad, entonces se pregunta uno: ¿qué estamos haciendo cómo seres
humanos con los otros humanos?, ¿a dónde
llega el nivel de maldad, la manipulación y las ganas de poder?, y se va enterando
uno del otro lado de la historia y
analiza.
Las FARC hicieron cosas
malas, muy malas, se armaron para defender un propósito, un ideal socialista
que muchos rechazan, juzgan, pero ¿por qué con armas, violencia, y guerra?
Las historias en el
campamento tienen un común denominador: desplazamiento, el arrebato de la
tierra, el desalojo sin explicación, presenciar la muerte de sus padres,
hermanos, familiares y eso es muy verraco, uno con su finca, sus cultivos, su
ganado, el que ha trabajado duro, porque el trabajo del campo es duro, y de
repente lleguen otros a desalojarlos, a ultrajarlos, amenazarlos y matarlos,
sólo porque su avaricia y ansia de poder, está por encima de la consideración
del otro y así lograr un desplazamiento
inhumano de personas que habían construido honestamente su propia vida, su
propio mundo, para mí, eso no es justo, no lo es. Piénsese en esa situación.
Y este análisis no es para
justificar las malas acciones del grupo guerrillero, sino para entender por qué
uno se debe defender y establecer la lucha del bien común, como un propósito
para que haya igualdad, justicia social, en un país donde a nadie le sea arrebatada
su tierra, ni su propiedad, mejor dicho, nada de lo que ha construido por sus
propios medios.
El último día, logré
entrevistar a “Perdomo”, de unos 60 y pico de años, de los cuales 40 ha estado
al pie de la lucha, y escuchar su discurso intacto como si tuviera 20 con todas
las ganas de empezar a defender lo que le pertenece y pedir justicia por lo que
le fue arrebatado, pero sobre todo, luchar por la igualdad en este país, eso,
fue muy impactante para mí, porque me puso en un contexto donde a nosotros como
habitantes de ciudad, que se supone tenemos un nivel educativo alto, con acceso
a los servicios básicos para vivir medianamente bien, con vidas cómodas, de
familias completas, unidas y amorosas, no hacemos nada, en absoluto, por
defender nuestros derechos, pasan los días, los meses, años, y los gobiernos
que han pasado, han hecho y deshecho, y ahora que a través de las redes
sociales nos damos cuenta más rápido y fácil, sólo adoptamos una postura de
indignación, criticamos y madreamos por Twitter y Facebook, pero nada más.
Foto: Gustavo Montoya |
No es que nos tengamos que
armar, y ser violentos, no, pero miren lo que hacen en México cada vez que ese
payaso de Peña Nieto le da por hacer cosas injustas de presidente, como lo del
gasolinazo, la gente salió a la calle, se emputó, protestó, así como todo lo que
pasó después del plebiscito en Colombia, pero sólo esa vez, porque no es
nuestra costumbre, en este país somos muy pasivos, y los que piensan diferente,
los amenazan, los matan, y cínicamente borran delante de nosotros la memoria,
porque cada cuatro años, volvemos a votar por la misma plaga.
Don “Perdomo” tiene cientos
de historias por contar, fue ranchero (cocinero) de “Tirofijo”, estuvo en
combates pesados, cargó con fusil, y provisiones por las montañas de Colombia,
dijo que le tocaron momentos duros de la guerra, pero su sonrisa, su esperanza está
intacta, le tiene toda la fe a la implementación de los acuerdos y que algún
día en Colombia se logre tener la justicia social y la paz completa por la que
ellos hace más de 50 años han luchado. Le recomendamos escribir todas sus “aventuras”,
como sea, eso hace parte de nuestra historia.
Foto: Gustavo Montoya |
Regresé a casa con
satisfacción y un sin sabor, eran sentimientos encontrados, los miembros del
frente 34 quedaron muy agradecidos, pero tristes con nuestra partida, y con una
incertidumbre tremenda por lo que pasará, ojalá esto no se vaya a volver un
despelote, y de parte y parte los negociadores del acuerdo de paz, cumplan como
debe ser. La tarea ahora será con el ELN. Sobre esa situación, también les
contaré.
Excelente relato Lina gracias por compartir es experiencia tan gratificante no sólo para ti, si no para los pocos Colombianos que pensamos en igualdad de condiciones. UN ABRAZO.
ResponderEliminar